Adrià - Profe de matemáticas - Sabadell
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Adrià

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Sobre Adrià

-Nacido en 1999, demostró ya desde pequeño su alta capacidad para las matemáticas. Durante la etapa de instituto, quedó en los puestos 16 y 17 (dos años consecutivos) en las pruebas Cangur de Catalunya, en las cuales se presentan miles de personas cada año. También ha terminado el programa Kumon, un programa avanzado en matemáticas que dura varios años. -Es graduado en matemáticas por la UAB (promoción 2017-2021) y terminó la carrera en tan solo 4 años, con un notable de media (una carrera con más del 50% de abandono tras los primeros cursos y con una duración media de 5,7 años). -Durante esos cuatro años, compaginó sus estudios científicos con sus estudios musicales también universitarios en el ESMUC. -Durante el curso 2021-2022 cursó un máster en ingeniería computacional y matemática, mientras trabajaba como profesor particular. -Destaca en su carrera profesional el haber en la prestigiosa empresa de trading Optiver. Actualmente está siguiendo su pasión por la docencia en Àgora Sant Cugat International School.

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Acerca de la clase

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Soy graduado en matemáticas por la Universidad Autónoma de Barcelona, de la promoción 2017-2021. Llevo varios años dando clases a alumnos tanto de bachillerato como universitarios (asignaturas de cálculo, álgebra, análisis, estadística, lógica, física, teoría de la información, matemáticas empresariales o aplicadas...) y todos con muy buenos resultados. Lo que me diferencia de otros profesores es el hecho de poseer el grado en matemáticas, ya que me da no solo unos conocimientos muy avanzados de la materia, sino también la capacidad de poder explicar conceptos complicados de forma simple para que lo puedan entender los alumnos. En este sentido, la flexibilidad de adaptación y la comunicación efectiva es lo que más me representa como profesor. El idioma de las clases puede ser tanto en catalán como en castellano como en inglés.

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  • ¿Cuándo empezó tu interés por la materia/disciplina que impartes?

    Mi interés por las matemáticas empezó cuando yo era muy pequeño. Al cumplir tres años, hablando un día con mi madre descubrí lo que significaba la multiplicación, cosa que me encantó. A partir de ahí empecé a descubrir por mi mismo otras operaciones y propiedades fantásticas acerca de las matemáticas, tanto que a los seis años ya podía aproximar mentalmente raíces cuadradas y cúbicas con cierta precisión y entendía perfectamente cómo resolver ecuaciones. Viendo mi gran interés, mi familia decidió apuntarme a los siete años a un programa avanzado en matemáticas para niños (Kumon), el cual me acompañó hasta el instituto y me permitió avanzar a un ritmo muy por encima del resto de mis compañeros, creando en mí esa conexión tan especial que tengo con las matemáticas.
  • Háblanos de esa materia. ¿Cuáles son los temas que más te apasionan (¡y cuáles son los que menos!)?

    Los matemáticos tienen fama de pasar mucho tiempo pensando en los grandes teoremas de la historia que aún hay por demostrar. Los ingenieros y estadísticos tienen fama de poder hacer cálculos de forma rápida, precisa y eficiente para lograr resolver el máximo número de problemas en el menor tiempo.

    En mi caso, aun habiéndome graduado en matemáticas, tengo especial afán por lo relativo a la rapidez de cálculo mental y todo lo que utiliza los números como tales, en especial por la rama de la probabilidad y la estadística, ya que quizás son la parte de las matemáticas que más relación tiene con el mundo real, permitiendo entender fenómenos que serían inexplicables de otro modo. Mi agrado por la estadística es tal que se podría considerar obsesiva, ya que habitualmente dedico parte de mi tiempo a recoger datos cuantificables sobre mis experiencias y vivencias para poder analizarlas a posteriori y replantearme mis hábitos o pequeñas decisiones habituales que de otro modo haría sistemáticamente sin preguntarme si es la mejor opción que tengo.
  • Háblanos de tus modelos o referentes (ya sea un/a profe que te haya marcado o una obra de arte que te haya inspirado)

    Durante mi vida académica he tenido muchos profesores, algunos buenos y otros muy malos, unos con muchas ganas de enseñar y con métodos buenísimos y otros que parecía que lo hacían obligados y sin pasión. A pesar de que los profesores influyen mucho en la forma de ver una asignatura, y a pesar de haber tenido profesores que me han maravillado con sus explicaciones, no considero que ninguno de ellos sea mi referente, dado que no han hecho cambios sustanciales en mi forma de percibir las matemáticas.

    Por lo tanto, cuando pienso en mis modelos o referentes siempre me viene a la cabeza un gran matemático que pasó a la historia como uno de los mejores, Gauss (1777-1885). El hecho que lo convierte en mi modelo o referente a seguir es su gran inteligencia y descubrimientos desde temprana edad. Por ejemplo, a los siete años supo sumar los números del 1 al 100 casi instantáneamente, al descubrir que podía reducir esa suma a una sola multiplicación: 50 x 101 = 5050. O a los diez años, cuando descubrió dos métodos distintos para calcular raíces cuadradas no exactas con tantos decimales como quisiera.

    Sin embargo, hace ya un tiempo que me encontré con el Problema de Monty Hall. Para el que no lo conozca, en un concurso televisivo se nos presentan 3 puertas detrás de las cuales hay un solo premio (las otras dos vacías) y se nos pide escoger una. Tras nuestra elección, el presentador decide abrir una de las otras dos puertas en la que no hay nada. La resolución de este problema consiste en establecer si es mejor quedarse con la puerta escogida, si es mejor cambiar de puerta o si es indiferente en cuanto a probabilidades se refiere. Tras escucharlo por primera vez, tuve la certeza de que el resultado correcto era cambiar de puerta para duplicar así las probabilidades de ganar el premio. Pero más adelante, leí sobre este problema que la matemática americana Marilyn vos Savant (1946-act) había recibido muchas críticas tras resolver este problema en 1990 donde la acusaban de presentar un resultado falso y erróneo, y fue un tiempo después cuando se demostró que tenía razón. Conocer este hecho me hizo despertar la curiosidad en la rama de la Probabilidad y desde entonces considero a Savant como mi matemática referente en la actualidad.
  • ¿Cuáles son para ti las cualidades que debe reunir un experto en la materia?

    Es bien sabido por todos los que están en este mundo que las matemáticas son una asignatura especialmente teórica. Nada tiene que ver con aplicar fórmulas a ejercicios siguiendo un método explicado en clase, (como sí se hace en el instituto o en la mayoría de ingenierías), sino que su principal enfoque es el pensamiento abstracto. Esta forma de pensar requiere de un intelecto elevado para poder comprender estructuras muy complejas y demostrar enunciados sorprendentes usando razonamientos lógicos. Además, es también una característica imprescindible la capacidad de análisis, que permite utilizar de forma correcta las hipótesis de partida o los datos que se tienen para llegar a unas conclusiones sorprendentes que muchas veces nadie se esperaría utilizando su sentido común.

    Lo más importante de estas tres cualidades es que, al menos en mi caso, me permiten vivir mejor: siendo capaz de imaginar situaciones hipotéticas futuras o entender la posición de otras personas gracias a la capacidad de abstracción, permitiéndole salir con éxito de los debates o discusiones utilizando los argumentos lógicos adecuados, y tomando decisiones más sabias gracias a mi análisis crítico y objetivo de las situaciones.

    Por desgracia, estas cualidades no se suelen trabajar en profundidad en la etapa de escolarización, y se premia más el hecho de tener un buen cálculo mental o saber aplicar la fórmula correcta en cada caso, cosa que no es de tanta utilidad en el día a día.
  • Cuéntanos una anécdota relacionada con tu trabajo como profe o de cuando eras alumno.

    Una anécdota que muchas veces cuento me pasó como alumno en la Escuela Secundaria Obligatoria. En ese entonces, todos los que me conocían sabían de mi talento para las mates, incluidos los profesores, aunque la realidad era que mis notas académicas en esta materia no fueron brillantes. Aunque en las primeras ocasiones demostré que podía sacar siempre que quisiera un 10 en los exámenes, la verdad es que, al ir siempre más avanzado que la mayoría, todo el temario que se daba en la escuela era para mí demasiado fácil y aburrido, con lo que a menudo no prestaba la atención suficiente y tenía problemas con los profesores. Los exámenes de mates en esa época solían ser de dos horas o, como mínimo, hora y media, pese a que habitualmente no necesitaba más de 20 minutos para terminarlos. Sin embargo, los profesores que tenía en ese momento no eran muy amistosos y empezaron a ponerme notas más bajas alegando que copiaba, ya que no escribía todos los pasos que ellos consideraban necesarios o porque no seguía los métodos que ellos habían explicado en clase.

    Puesto en contexto, llegó un día en el que terminé excesivamente pronto uno de los exámenes y, como siempre, aún faltaba más de una hora para poder salir de clase. Así que decidí utilizar el tiempo que tenía para hacer algo un tanto extraño: cogí una página del examen donde quedaba espacio y escribí "La tacirupeca jaro". Durante el resto del tiempo que duró el examen de mates escribí no menos de cinco páginas explicando con todo detalle el cuento de "La caperucita roja" desordenando las sílabas de todas las palabras que había. Nunca llegué a saber si la profesora entendió o no mi intención, solo sé que la profesora me puso un cero en ese examen porque la presentación era inadecuada. Aun así, esa jugarreta me valió para ganarme aún más la admiración de toda la clase ya que, al ver que había sacado un cero, todo el mundo quiso ver mi examen y se dieron cuenta de lo que había hecho, más allá de que todas las respuestas del examen eran correctas.
  • Confiesa, ¿tú también has tenido dificultades con esta materia en el cole?

    Aunque me gustaría poder responder que sí para empatizar mejor con mis alumnos, la verdad es que nunca tuve problemas en el colegio para entender los conceptos relacionados con las matemáticas.

    Aún así, sí que es verdad que en la universidad ha habido alguna asignatura que me ha costado más que otra, aunque nunca he llegado a suspender ninguna. En la mayoría de casos, aunque quede mal decirlo, la culpa de los desastres académicos es del profesor, siempre que el alumno haya estudiado lo suficiente. Cuando un profesor no tiene ganas de dar clase, no explica bien y eso repercute en los alumnos. Como experiencia, la única solución que hay para estos casos es estudiar el temario por cuenta propia, aunque no a todo el mundo le funciona bien esa alternativa. Para ello, el alumno tiene que ser capaz de dedicar un tiempo extra hasta entender sus dudas sin ninguna ayuda y es imprescindible que los apuntes utilizados sean de la mejor calidad (no vale con apuntes tomados rápidamente en clase de lo que apunta el profesor). Por eso es una alternativa que pocas personas podrán aprovechar y la mayoría lo tendrá difícil para sacar esa materia adelante. Cuando doy clase a mis alumnos, por ejemplo, intento proporcionarles unos apuntes de la mejor calidad posible para que revisándolos puedan avanzar sin tener dudas y perdiendo el mínimo de tiempo posible. Creo que mis vivencias distintas con tantos profesores y asignaturas distintas me han dado muchas ideas acerca de cómo dar y como no dar una clase.
  • Ayúdanos a conocerte mejor: cuéntanos una de tus pasiones (que quizás algún día compartirás vía Superprof)

    Actualmente tengo muchas más pasiones aparte de las matemáticas, aunque quizás la que más destaca es la música. Empecé a tocar el violoncello a los 7 años, justo en la misma época en que empecé el programa Kumon del que antes he hablado. A los 13 años entré en el conservatorio municipal de música de Sabadell, y empecé también a tocar el piano. Aunque mi fuerte siempre habían sido las matemáticas, se hizo notable en esa época mi talento por el violoncello, aunque es cierto que nunca llegué a sobresalir tanto como en las matemáticas.

    Mis dos pasiones, música y mates, me hicieron tomar la decisión en segundo de bachillerato de realizar simultáneamente y por separado la carrera de música en el ESMUC y la carrera de mates en la UAB. Y en eso estuve durante cuatro años, con mucha fuerza de voluntad para poder llevarlo todo al día, haciendo lo que muchos me habían dicho que sería imposible, hasta que por fin terminé las dos carreras, pudiendo escoger dedicarme a cualquiera de ellas dos, por las cuales mi pasión no ha disminuido.

    El haber podido combinar estas dos pasiones tan relacionadas entre sí y a un tan alto nivel ha sido motivo de elogio por parte de muchas personas e incluso motivo de envidia por parte de otras, que tuvieron que escoger en su momento entre la carrera de música y otra carrera universitaria. En cualquier caso, ha sido una experiencia personal inolvidable durante estos años, y considero que esta decisión me ha permitido ser una persona más plena conmigo misma y ver y afrontar el mundo con una perspectiva distinta a los demás.
  • ¿Qué hace de ti un Superprof?

    Como ya he comentado antes, en el colegio nunca tuve problemas con las matemáticas. Aunque esto pueda parecer algo positivo, lo cierto es que al no haber tenido nunca las dificultades que se presentan en la mayoría de niños cuando empiezan a tener problemas con las mates en el cole, es más difícil ponerse en su lugar para entender su punto de vista y como ayudarlos. Eso explica el comportamiento de muchos profesores actualmente, que cuando alguien no entiende un concepto se lo repiten de la misma forma esperando a que lo entienda por arte de magia, porque en su momento los profesores entendieron el concepto a la primera y no conciben que pueda haber alguien que lo entienda.

    Es por eso que, al ser consciente de mi aparente desventaja como profesor respecto a alguien que sí ha tenido dificultades en el cole, he desarrollado con esfuerzo y experiencia las capacidades necesarias para poder explicar los conceptos complicados de una forma simple, utilizando comparaciones y objetos más familiares para los alumnos. Así pues, al conocer este hándicap, soy más consciente de la necesidad de entender cómo funciona la mente de cada alumno para poder guiarlo desde su propia perspectiva, aunque esta sea diferente a la mía. Haber conseguido esto es uno de mis hitos como profesor de los que personalmente estoy más orgulloso.
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